Un descuido en la excavación (una doncella lanzada
al
agua del cenote) implica destrucciones parciales.
La
primera persona del singular suena violenta y dúctil,
destila
heridas cortantes, resinas vegetales, mundo
y
apariencias de mundo. Exhuma finas mantas
de
ceniza donde antes hubo cuerpo.
El
tributo en trabajo y especie de esa voz primeriza,
apenas
núbil, parcialmente lograda, es causa de estallidos,
sociales
migraciones, acampes, vastos territorios arrasados
(inundaciones,
fuegos).
Hay
factores confluentes que causan el colapso de las ciudades
(progresivo
desmantelamiento de selvas, ojos de agua)
y
esa fiebre de puerperio + la descomposición demográfica
y
el empobrecimiento de la producción no afín al capital.
Abandonados
los centros de la liturgia, consumidos, por aplastamiento de genitales, campos
y atmósferas,
la
personificación del yo en el uno
devastó
las industrias, el comercio, las jerarquías rivales y las cómplices.
La
combustión interna e indivisa (que en varios casos
tenía
conciencia y belfos de animal), poco pudo
ante
la que parecía inagotable.
Lo
conquistado aconteció cadáver.
El
universo, del tamaño de un tamal comestible,
fue
abriéndose muy lentamente
plural.
Era una flor sin límites el tatuaje en las lenguas
o
su piercing.
Merced
a un acuerdo astrológico dio a luz, La Lengua ,
algo
así como la amalgama de un tú en corazón humano
altamente
maleable (un panal)
y
aunque la luz natural ensombrece, lo Uno
reconcilia
lo múltiple -escritura que embiste-
en
torno a este fuego central.
Alicia Silva Rey (Quilmes, Buenos Aires, 1950). Libros:"(circa)" (Añosluz, Buenos Aires, 2014); "Partes del campo", "Ediciones De la Eterna. Buenos Aires. 2015". Este poema pertenece al libro "La Primeira persona del singular" (inédito).

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